dissabte, 26 de juny de 2010

Decrecimiento: cuando menos puede ser más


Que no es posible el crecimiento en un planeta limitado, ya lo avisaba el Club de Roma hace ya casi 40 años (1972), entonces, sus avisos parecieron exagerados. Hoy día es uno de los términos que más se utilizan. Estamos superando muchos límites que hace que la única estrategia que parece viable a medio y largo plazo es la del “decrecimiento”, no como un concepto negativo, sino como la necesidad de desprendernos de un modo de vida inviable, como el querer que un río que se desborda “decrezca”.
Vivimos en un mundo finito en el que el crecimiento económico continuo ya no es posible y el término “decrecimiento” nos indica un posible camino a seguir (para algunos el único camino a seguir) que es el de vivir con menos, el conseguir el reto de vivir mejor con menos.
Nuestra sociedad asalariada está intrínsicamente vinculada a una sociedad del híper consumo, es así que, si queremos alcanzar un estatus de justicia social, debemos considerar llevar a cabo acciones que subrayen la importancia de una reducción equitativa de la producción y del consumo, de la sostenibilidad ecológica y de avanzar en la acción colectiva horizontal. Dentro de esta acción colectiva entran ejemplos de “decrecimiento” en la práctica como los de compartir casa, bienes duraderos y trabajo, dedicar más tiempo al arte, la música, la familia, la comunidad… En el ámbito de lo individual simplemente se trata de tener acciones voluntarias para con los demás y por los demás.
El “decrecimiento” no tiene por qué ser un concepto utópico, podemos experimentarlo a diario con una acción simple, con una acción por la comunidad, por la buena convivencia y cohesión social. Pero es algo más que tratar de conciliar el crecimiento económico con la sostenibilidad ecológica y social. Esta crisis social, económica y ecológica que estamos padeciendo nos hace ver que ha llegado otro tiempo, tiempo de replantear nuestro estilo de vida y nuestros valores, de hacer un cambio moviéndonos de las relaciones basadas en la ganancia económica a otras fundadas en la reciprocidad, del interés egoísta al altruismo y la redistribución.
Podríamos hablar de diferentes ejemplos en que ya se está poniendo en práctica este nuevo estilo, en todo el mundo, pero para qué irnos más lejos cuando en nuestra propia ciudad hemos tenido la ocasión de practicarlo: Entrellaça, una fiesta por la multiculturalidad que tuvo lugar el pasado 5 de junio en Can Xic, donde la colaboración, la voluntariedad, la reciprocidad y el desinterés personal hacen posible la convivencia entre diferentes culturas, a través de la comida y la música, y son ingredientes primordiales para llevarnos a promover la convivencia ciudadana, la cohesión social y el conocimiento mutuo. Un acto que pone de manifiesto que la acción colectiva, des de la reciprocidad (cada persona aporta parte de la comida de una cena que se organiza y puede consumir lo que el resto ha aportado) y el altruismo (personas que de forma voluntaria han trabajado para llevar a cabo la jornada) nos lleva a demostrar que con menos (poco presupuesto económico y recursos materiales) podemos conseguir más (un gran capital humano en convivencia aportando bienestar los unos a los otros).
En el Picnic Mundial por el Decrecimiento que tubo lugar el 6 de junio en diferentes partes del mundo, se utilizó como lema “El cambio siempre comienza con una agradable charla en torno a una buena cena”, pues yo os diría: sigamos cenando juntos!
Pepi Venegas

El caracol construye la delicada arquitectura de su concha añadiendo una tras otra las espiras cada vez más amplias; después cesa bruscamente y comienza a enroscarse esta vez en decrecimiento, ya que una sola espira más daría a la concha una dimensión 16 veces más grande, lo que en lugar de contribuir al bienestar del animal, lo sobrecargaría. Y desde entonces, cualquier aumento de su productividad serviría sólo para paliar las dificultades creadas por esta ampliación de la concha, fuera de los límites fijados por su finalidad. Pasado el punto límite de la ampliación de las espiras, los problemas del sobrecrecimiento se multiplican en progresión geométrica, mientras que la capacidad biológica del caracol sólo puede, en el mejor de los casos, seguir una progresión aritmética. Ivan Illich