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divendres, 15 de desembre del 2017

La mayoría minoritaria

Hay un grupo de personas, trabajadoras y honestas, que todos los días cargan con sus responsabilidades como padres, trabajadores, ciudadanos que apenas dejan escapar un suspiro de descanso al meterse en la cama. Es un grupo callado, estoico, cumplidor, que soporta un gran peso y solo quiere que no le compliquen más sus vidas, ya bastante difíciles por si.

Como empleado, si es que tienes, tendrás un contrato como las hipotecas con cláusula suelo, no igual para ambas partes. Convenios firmados que cada vez nos devuelven más a la edad media, te enerva y te hace sentir impotente pero ¿qué puedes hacer tu?

Vas a coger el coche y te lo encuentras con rayadas, golpes y pilotos rotos, sin tarjeta, claro, porque la educación es la que hay, y la seguridad en las calles también.

Tienes que pagar el IBI y los demás impuestos y encima te hacen una paralela porque te equivocaste en un número o de casilla, el caso es que te van a tratar como a un timador sin serlo y pagarás una multa (sí, la vas a pagar quieras o no) mientras te enteras de que las autonomías quieren la Hacienda para beneficiar a ciertas empresas a las que no revisarán mientras cumplan un cupo, que tal club debe una cantidad indecente de millones y que en los paraísos fiscales están llenos de nombres que dirigen empresas, comunidades y naciones… ¿pero qué puedes hacer tú?

Los medios de comunicación no van a mejorar la situación, llevando a niveles increíbles la polémica catalana. Las respuestas partidarias de cada punto de vista, que, casualmente, ninguna te beneficia. Son contradichas por los demás en una cadena sin fin. La credibilidad es algo que se perdió y ahora solo es espectáculo, el gran hermano de la política. ¿Pero qué puedes hacer tú?

Ves con temor el 21-D porque la historia se repite entre los dos bandos y tu temor es solo que esperas que salga el que te salga menos caro, porque las esperanzas en que salga algo beneficioso para ti son quiméricas.

Ese grupo es la mayoría silenciosa, la que espera que cada uno haga su trabajo bien, como lo hacen ellos todos los días y que ese buen talante se convierte en su error.

Los partidos prometerán lo que suelen incumplir y ocultarán sus verdaderas motivaciones.

Las papeletas solo apuntarán a dos problemas distintos, pero a ninguna solución.

¿Y qué puedes hacer tú?

Esto sí tiene respuesta. Asegúrate de votar y de informarte muy bien de por qué y qué consecuencias van a tener en tu vida.

Si no encuentras lo que buscas, el voto nulo es la respuesta. Por favor, no confundirlo con no votar o el voto en blanco porque estos sí favorecen a los partidos mayoritarios.

Menos del 1% expresa así su disconformidad con el sistema político. Pero no hay una manera más clara de decir que no estás conforme con este corrupto sistema.

Esto sí puedes hacerlo.

David Rebollo

dimecres, 15 de novembre del 2017

Una idea peregrina

Todos sabemos de lo sucedido recientemente, de las consecuencias de la política sobre nuestras vidas.

Fuera del debate sobre si un porcentaje tenía o no derecho a decidir sobre una mayoría silenciosa o si las medidas de los “rescatadores” son o no  aplicables para sí mismos, desgraciadamente el voto nulo, mal llamado el voto “gamberro”, es el único medio que tenemos los que queremos ejercer el derecho a voto y decir que no nos sentimos representados por ningún partido.

Usted puede pensar que votar al partido más cercano, al menos “malo” es una opción, siempre que acepte con ello, el que la parte que no le guste también resulte apoyada.

Pensado cómo sería el programa al que votaría, caigo en la cuenta del coste en asesores necesarios para llevarlo a cabo. Ciertamente puede calificarse de ciencia ficción y si lo escribo es apoyado por la frase de Víctor Hugo: “Nada mejor que el sueño para engendrar el porvenir. La utopía de hoy es carne y hueso mañana “.

El supuesto partido ciudadano tendría como objetivo los siguientes puntos:

Cambios en la Constitución para albergar las actualizaciones necesarias y la creación de un sistema de reforma más accesible.

Crear un sistema para la mayor transparencia. La excepción de gastos en materias reservadas de acceso restringido a los estamentos autorizados bajo un control judicial externo a estos.

Cambio de la fórmula de recuento electoral del sistema d’Hondt a: una persona, un voto.

Separación del poder judicial del poder político.

Acceso a cualquier cargo político por oposición y mediante la calificación necesaria.

Los cargos públicos son un honor. Los sueldos públicos deben ser aprobados por un ente regulador judicial. Como cualquier otro trabajo, termina al finalizar el cargo. Así como todos los trabajos públicos serán contemplados con los mismos derechos y deberes que el sector privado. ¿Qué empresa no contrataría a quien desempeñe tal honorable cargo?

La justicia será única, para todos por igual. Las penas serán proporcionalmente más graves para quienes utilicen cargos políticos, acceso al erario público o poder de decisión sobre su uso fraudulento.

Creación de un método de democracia participativa con peso en las decisiones políticas y que puedan ejercerse como veto ante la falta a las promesas realizadas, o políticas evitables contrarias a la mayoría.

Cultura de calidad y gratuita básica y ayudas en las siguientes estudios por méritos hasta donde alcance el presupuesto a tal fin.

Alcanzados estos objetivos, ese presidente debería cesar en su cargo para que estos nuevos requisitos se pongan en marcha y sea una nueva generación de personas preparadas, competentes, las que tomen el relevo de quien sería un mero instrumento para llegar a esa situación desde la actual. ¿Votaría usted esta propuesta?

La cuestión no es si es factible, sino que  dejará de serlo conformándonos con menos.

David Rebollo

diumenge, 15 d’octubre del 2017

No ser de ninguna parte

 

No voy a pretender ser un ejemplo común de ciudadano de a pie, así que doy mi visión personal y que se identifique, o no, quien quiera.

Me gustaría sentirme orgulloso de ser parte de una comunidad, más o menos clara y definida, pero me voy a quedar con las ganas. Los acontecimientos entre los dirigentes Catalanes y Españoles, no solo me ponen en entredicho ante el resto de países, sino que como “representado” me avergüenzan, me frustran y me ningunean.

Hablar de lo que piensa cada uno sobre la situación, en bandos tan divididos y encontrados, es facilitar un enfrentamiento puesto que la mera aceptación de que otro pueda pensar diferente a ti ya no existe de facto.

Por un lado están los sentimientos, que no atienden a razones, algo que personalmente considero muy peligroso. El amor ciego suele coincidir con el robo de tu cartera o con el borde de un precipicio… Tratar de dialogar con quien se empeña en hablar únicamente con el corazón es en vano.

Quienes aplican la lucidez para dirimir sobre esta misma cuestión, también pueden llegar a tener diferentes puntos de vista.

Soy Catalán y Español por nacimiento. Tengo instrucción para sentir aprecio a “cosas” más o menos tergiversadas en las que basar una emoción de pertenencia. Tradiciones, cuentos y leyendas, que con el tiempo descubres que algunas cosas no fueron exactamente así y otras no lo fueron de ningún modo.

En tiempos de Franco, a mi padre le llamó la atención un ciego, vendedor de cupones, por decir “doni’m un número si us plau” amenazando con denunciarlo por hablar en Catalán. Mientras, mi abuelo conseguía permiso para hacer teatro en Catalán y participar en la creación del club Pimpinela donde se reunían autores y artistas de la cultura catalana. Estas contraposiciones no lo son, existieron juntas en el mismo tiempo y ninguna sirve para situarme en ningún extremo sino en su justo centro.

Quizá por ello escribo en castellano, ante la ley lingüística que se me antoja tan limitante como fue aquella anterior, en lugar de complementarla y ampliarla.

Me parece un gran desacierto el esfuerzo mal dirigido de la Generalitat en un proceso que tiene graves repercusiones para los ciudadanos. Por expresar esto mismo, el maestro Joan Manuel Serrat ha sido increpado por los mismos que aplaudían sus canciones de contenido político en aquellos otros tiempos. Ahora no estamos en ese contexto. 

Gran parte de la Constitución Española fue también contribuida por políticos catalanes y aunque muchos estamos de acuerdo con la necesidad de un cambio en ella que la actualice y limite los desmanes que aqueja nuestra sociedad como la fórmula del recuento de votos, la transparencia, la corrupción, la falta de cualificaciones para acceder a un cargo político y otras para salvaguardar nuestra seguridad social y los problemas de extranjería y fronterizos, por no hablar del ministerio de cultura…

Me siento ridículo ante el resto de Españoles por el comportamiento de los dirigentes Catalanes que infringen los tratados firmados, incapaces de utilizar el sistema para defender sus cuitas. También me siento ridículo por ser Español por la incapacidad del presidente a utilizar el dialogo y el sistema político para resolver los problemas y por no hacer nada (y soy tan cauto como cáustico en esta frase) ante los problemas de corrupción que nos degradan tanto a todos, porque al final, somos todos responsables de ponerles en sus puestos, de no manifestarnos por nuestra indignación, por no pedir los cambios oportunos que ayuden a la mayoría y no solo a unos cuantos y por tantas otras cosas…

Me gustaría sentirme orgulloso de ser Español y Catalán, pero me lo han puesto muy difícil.

David Rebollo

dimecres, 15 de juny del 2016

Minoría, orgullo y la debilidad de la capacidad

Soy Catalán, Español, Europeo y terrícola por nacimiento. No tengo el placer de sentirme orgulloso por ello, pero lo estoy de una minoría. 

Menos de un 0.83% de mis vecinos votaron nulo. 

Hoy como siempre en este país, viven los pillos, disculpen el adjetivo, pero no quería utilizar otros que me apetecen más apropiados, ni quiero parecer compasivo. 

Cultural y en concreto, políticamente somos unos analfabetos descerebrados. 

Las noticias de que algo sucio hay en alguna parte es innecesaria pues es diaria y en todas partes. 

Muchas personas dicen estar cansadas de ver como se reparten el pastel que pagamos, amasamos y horneamos todos y del cual no nos llegan ni las migajas. Que la justicia no es igual para todos, que hacienda somos todos y que la culpa la tiene esa factura sin IVA y no la vergonzosa cantidad que desaparece en los bolsillos de los desaprensivos. 

Hay menos de un 0.83% que está cansado de que existan distintas categorías de ciudadano. Un robaperas y un magnate, político o la realeza son seres humanos, pero no iguales. Está cansada de que el poder judicial esté subordinado al político y este al mejor postor. 

Cansados de que los servicios imprescindibles para la sociedad sean copados por cargos políticos que ejercen una claro retroceso al avance que necesita un país, siendo un lastre y añadiendo motivos a la vergüenza de no encontrar motivo por el que sentirse orgulloso. 

¿Su mujer no sabe lo que hace usted con el dinero? ¿Su marido no sabe de dónde vienen esos bienes que aumentan su patrimonio? ¿El Sr Alcalde está demasiado ocupado saliendo sonriente en tantas fotos que olvidó que el patrimonio del pueblo se va por la ventana? 

Conozco a algunas personas que trabajan en política. Que tienen convicciones y que creen que, a pesar de todo lo que saben y ven, pueden hacer más desde dentro que desde fuera. 

En línea con lo aquí descrito, menos de un 0.83% votó nulo, e hizo lo que pudo para acabar con esto. 

En una sociedad donde los desmanes de las empresas se apoyan en el miedo y el egoísmo impidiendo apoyar a un compañero que ha recibido acoso. 

Donde las entidades estatales olvidan a los representados detrás de las cifras, del dinero, donde se callan las injusticias para evitar hacer cola en el paro. 

¿Puedes estar orgulloso de un país que no sale a la calle por sus derechos, pero se atestan si marcan un gol? 

Diógenes de Corinto seguiría buscando “un hombre bueno” con su lamparilla a plena luz del día, casi 2.400 años después sin lograrlo. 

Citando a Herbert Gerjuoy: “Los analfabetos del siglo XXI no serán aquellos que no sepan leer y escribir, sino aquellos que no sepan aprender, desaprender y reaprender.”

Las siglas y colores de los partidos no tienen nada que ver con su concepto inicial, si alguna vez existió. Las derechas o izquierdas, los diferentes centros, los rojos o los azules, todo parte de un aprendizaje incorrecto que precisamos desaprender, que no olvidar, para volver a pensar, por uno mismo, la validez de las cosas. 

Vecinos, en breve nos volveremos a ver en las urnas. El único lugar donde nuestra insignificancia puede dejar de serlo, o donde renacerá una vez más, la vergüenza de ser una minoría consciente de una gran mayoría que votará contra lo que quieren en realidad.

David Rebollo