Solitaria entre la maleza,
paciente y ajena al tiempo
sigues desparramando ese hilo
de vida transparente que
en su vientre la tierra guarda.
Tu cristalina agua, antaño
atraía a curiosos y andarines
que a tu lado su sed calmaban
y a sus casas te llevaban
en curiosos utensilios.
También recogían hojas del
oloroso laurel que fértilmente a
tu lado crecía; con él todo lo
compartías, tu aromático nombre,
el implacable sol del día, el silencio
de la noche y el agua que de tus
entrañas salía.
Del laurel te despoblaron,
menguaste tu caudal, pero
sigues incansable manando
recuerdos a mayores que un día
niños fueron, corrieron en tus
dominios, soñaron aventuras y de
tu boca bebieron.
Sebastián Romera. Junio de 2010

Cap comentari:
Publica un comentari a l'entrada