dimecres, 15 d’octubre del 2008

Y el bubisher alzó el vuelo

Dicen los saharauis que el bubisher es un pájaro portador de buenas nuevas, y por eso los niños que habitan aquella tierra difícil que ha sido maltratada por la historia y por el olvido anhelan ver –aunque sea fugazmente– sus coloridas plumas, que son heraldo de dicha para un pueblo que desde hace más de 20 años vive teniendo que elegir entre la tiranía del invasor o el desgarro del exilio.
Las arenas de Tinduf (Argelia), que tras la ocupación marroquí del Sahara Occidental acogieron los campos de refugiados saharauis por un tiempo que al principio se creyó sería corto, han sido testigos silenciosos del vergonzoso abandono al que el Gobierno de España (antigua metrópoli del Sahara) ha sometido a todo un Estado. Además, españoles y saharauis compartimos una lengua, el español, que convive en esa región de África con el hasanía. Por suerte la sociedad civil española ha sabido tender una mano a sus hermanos del continente vecino, y ese compromiso se manifiesta en los numerosos proyectos que distintas asociaciones de amigos el pueblo saharaui desarrollan a diario en las wilayas del exilio.
Hemos tenido la suerte de aportar nuestro pequeño granito de arena a un proyecto, nos hemos convertido, por unos minutos en ese pájaro de las buenas noticias. Hemos dado un gran paso al trasladar el castellano (en libros), patrimonio de todos y también de los saharuis a los campamentos por “correo postal”, a la escuela que hemos hecho en los campamentos.
La memoria es identidad, es cultura. No debemos perder nuestra memoria.
Un poema con alusión al bubisher dice: “A veces inesperado posa sobre los vientos de la jaima, a veces como un ágil anciano del desierto turbante blanco y Islam oscuro saluda ávido sobre los secos ramos de una acacia”.
Rosa Mercader