dissabte, 15 de setembre del 2018

Les monges vedrunes deixen Viladecans

La comunitat de monges vedrunes, presents a Viladecans des de l’any 1953, quan van venir per fer-se càrrec de l’hospital, han hagut de deixar la ciutat a causa de l’edat i del fet que la comunitat ara estava formada només per dues monges, l’Ana i la Francisca. A la missa de Festa Major, aquest 8 de setembre, va tenir lloc un senzill acte de comiat i d’agraïment. Aquí reproduïm el text que una d’elles, Ana Torres, va llegir en l’acte.


Hola a todas y a todos!

No nos resulta fácil estar aquí delante y dirigiros unas palabras. Somos personas ágiles y dispuestas a servir, a trabajar, pero no de discursos.

Una palabra grande nos sale del corazón: ¡Gracias!

Gracias por la posibilidad de vivir, trabajar, servir, compartir la vida, la tarea, el servicio durante tantos años… Las carmelitas Vedruna llegamos a Viladecans en el año 1953 y hemos permanecido aquí hasta este momento del 2018. Son muchos años y muchas las hermanas que hemos pasado por aquí. Varias de ellas gozan ya de la vida de Dios. De Viladecans surgieron también diversas vocaciones.

Por todo ello, damos gracias a Dios y a todos vosotros. Siempre nos hemos sentido bien acogidas y amadas. Y aún con nuestras debilidades, hemos intentado corresponder a tanto amor, procurando en todo servir y amar.

El Evangelio habla y repite que los preferidos de Dios son los pequeños, los débiles, los enfermos, los pobres…

Gracias por todo lo que el contacto con los enfermos en el hospital nos ha aportado. Nos ha hecho más compasivas, más cercanas, más humildes…

Hemos procurado ser una comunidad siempre abierta a las necesidades de Viladecans: ¡tantos años en el hospital! También por un tiempo, cercanas a personas adictas a la droga.

Gracias a la comunidad parroquial donde siempre hemos colaborado, con distintos servicios (catequesis, Cáritas, ancianos solos en sus casas o en la residencia…) en las parroquias de Santa María de Sales, la Montserratina, Sant Joan, Santa Magdalena…

Gracias al grupo de laicas Vedruna que comparten nuestro carisma. ¡Somos familia!

Nos costó, hace siete años, salir del Hospital, donde hacíamos vida las 24 horas. No queríamos marcharnos. Estábamos bien enraizadas. Y se nos abrieron las puertas y encontramos una casita que nos permitía continuar los servicios que estábamos llevando a cabo junto a otros voluntarios.

Pero los años pasan, las hermanas, como todos, envejecemos, faltan vocaciones y nos vemos obligadas a cerrar algunas presencias… Cerramos la casa, pero siempre estaréis en nuestro corazón. Viladecans nos ha tejido, nos ha hecho como somos y allá os llevamos, allá donde vamos.

No todo acaba. Nos veremos por aquí, pues sabeís que aquí vive parte de nuestra familia, la parroquia, y tanta, tanta, gente a quien amamos.

Por todo ello damos gracias a Dios y a todos vosotros.

Muchas, muchas gracias y hasta siempre!

Ana y Francisca 

en nombre de todas las hermanas Vedruna que han estado en Viladecans